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Errores frecuentes de las evaluaciones de impacto ambiental IV (última)

lunes, 29 de agosto de 2011

Con esta entrada terminamos la serie de errores frecuentes  de la Evaluación de Impacto Ambiental EvIA. Hoy veremos no el último, pero si el principal de los errores. Lo que voy a mencionar puede generar mucha controversia, pero esa es la idea: generar procesos de pensamiento, analizar, no “tragar” entero.

El error consiste en creer que lo que denominamos Evaluación de Impacto Ambiental es realmente una evaluación de impacto Ambiental. Nada más alejado de la realidad. Veamos por qué.

Definiendo la palabra evaluación

Independientemente del contexto pregúntese, qué es evaluación o mejor, qué es lo que usted evalúa (Partamos de la experiencia y luego vamos a la semántica). Escojamos un escenario conocido para todos y remontémonos a los tiempos en que usted estaba en el colegio o universidad o  a uno momento en que le hicieron pruebas de aptitud para evaluar la pertinencia de aplicar o no a un cargo.

En el colegio o universidad se evaluaba su conocimiento. Si usted respondía acertadamente un cuestionario, usted pasaba la prueba. Por su parte, en el examen de aptitud, recuerda que usted entregaba su curriculum, para que “evaluaran” si sus estudios o experiencia eran suficientes para el cargo al que estaba aplicando y luego dependiendo del caso, le realizaron pruebas adicionales para completar la “evaluación” y tener más elementos de juicio para tomar una decisión.

¿Se da cuenta usted del contexto del concepto? ¿Aún no? No se preocupe a mi me tomó mucho tiempo darme cuenta. Veamos un último ejemplo. Cuando ocurre un desastre natural o intencional, las autoridades comunican algo como lo siguiente: “estimamos que los daños pueden ascender a …. Pero una vez realicemos una evaluación de las pérdidas, daremos una cifra más aproximada a la realidad”.

¿Se da cuenta ahora? La evaluación tiene un contexto de pasado, solo se pueden evaluar hechos, cosas que ya hayan sucedido, no puedo evaluar lo que está por suceder. Ahora entremos a la semántica, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua define evaluación como “señalar el valor de una cosa”. Pero veamos lo que algunos autores establecen sobre la definición:

  • MONTSERRAT COLOMER (1979): Un proceso crítico referido a acciones pasadas con la finalidad de constatar, en términos de aprobación o desaprobación, los progresos alcanzados en el plan propuesto y hacer en consecuencia las modificaciones necesarias de las actividades futuras.
  • ESPINOZA VERGARA: Evaluar es comparar en un instante determinado lo que se ha alcanzado mediante una acción con lo que se debería haber alcanzado de acuerdo a una programación previa.
  • COHEN Y FRANCO (1988): Evaluar es fijar el valor de una cosa, para hacerlo se requiere efectuar un procedimiento mediante el cual se compara aquello a evaluar respecto de un criterio o patrón determinado.


Una vez definido lo que es evaluación, vamos a ver lo que no es evaluación 

1. Las pseudoevaluaciones o la trampa de las evaluaciones a priori
2. La identificación de la medida con la evaluación
3. El sectarismo
4. El subjetivismo
5. La indiscriminación o mezcla de niveles
6. La burocratización
7. El principio de indeterminación

Cada uno de estos temas los abordaremos en otra entrada y los analizaremos mejor

Y qué si el concepto es o no evaluación, las metodologías igual aplican

Bien, la verdad no, este error de concepto viene unido a otros errores que se derivan del mismo, el principal de estos es creer que en realidad estamos evaluando impactos cuando no es así. En la entrada pasada, vimos de manera muy superficial el tema. La cuestión es que todas, absolutamente todas las metodologías utilizadas evalúan en realidad los aspectos no los impactos. A continuación veremos por qué.

La mayoría de las metodologías de evaluación de impactos, analizan parámetros como intensidad, duración, extensión, reversibilidad, etc., estos criterios son valorados bajo unos criterios subjetivos de alto, muy alto, local, parcial, extenso, etc, dependiendo del parámetro y a cada uno de estos criterios se le aplica un “calificativo” de 1, 2, 3 … etc., dependiendo de la metodología y luego con una fórmula matemática que generalmente es una suma, da un valor al cual se le da un calificativo que determina si el impacto alto, medio o bajo. Pero, realmente no estamos evaluando el impacto, estamos evaluando el disparador del impacto, porque, para ser evaluado éste último requiere un análisis de las condiciones del medio donde se generará.

No es lo mismo que un vertimiento se realice en temporada de lluvias, a que se realice en temporada seca o que se realice en un cuerpo de agua lótico (ríos, quebradas, etc) a que se realice en un cuerpo de agua léntico (lagos, lagunas, humedales). ¿Cuál es el impacto que dicho vertimiento generaría? Para saberlo de manera anticipada solo hay una vía la modelación.

Y en este punto llegamos a otro error grande, y es creer que los impactos se pueden modelar. Este es un error peor que los otros, porque los impactos no se pueden modelar, son eventos que ocurren. Lo que se modela es el recurso, una vez modelado el recurso (atmósfera, cuerpos de agua, bosques), se puede establecer cómo se comportaría dicho recurso al cambiar las condiciones del mismo o “adicionar” sustancias que antes no existían, etc. Con los datos arrojados de esta modelación se pueden enfocar adecuadamente las medidas de manejo.

¿Es necesaria la modelación del recurso para establecer los impactos?

Si y no. Veamos un  poco más en profundidad. Cuando se realiza el estudio de impacto ambiental para un proyecto, obra o actividad, se realizan los diseños y cálculos para emitir o verter la cantidad de contaminates aprobados por la legislación. Esto significa que la autoridad ambiental hizo un ejercicio jucioso, técnico-cientifíco, soportado y adecuado para determinar que los valores de contaminación que enmarca la ley no van a afectar el recurso objeto de análisis de manera significativa y que el recurso analizado es capaz de asimilarlo. Bajo este principio, realmente no se debería modelar el recurso, porque una autoridad ya estableció cuáles son los Límites Permisibles para estos parámetros y si el proyecto obra o actividad cumplen con estos límites no debería existir un análisis adicional.

Ahora bien, los impactos relacionados con eventos no deseados o contingencias, tales como derrames, incendios, explosiones, etc., tienen una connotación diferentes y si requiere de la modelación del recurso, ya que un evento de estos tiene la capacidad de generar concentraciones de contaminantes mucho más altas que las permitidas por la ley, lo cual hace  necesaria una modelación del componente afectado para determinar las acciones contingentes más adecuadas.

Hace poco estaba evaluando la contingencia de un derrame hipotético en altamar. El cliente (dueño del proyecto), tenía previsto que las lanchas y los botes que manejarían la contingencia, salieran de un puerto cercano a las oficinas que ellos tienen en tierra en una ciudad de la costa. Luego de realizar las modelaciones pertinentes de este escenario, se  determinó que en 12 horas, el derrame llegaba a un ecosistema muy sensible e importante. Por su parte al realizar los cálculos de llegada de las lanchas, encontramos que la lancha más veloz, zarpando del puerto propuesto llegaría al evento en 13 horas, lo que significa que bajo estas condiciones, las ayudas llegarían demasiado tarde. La solución fue ubicar el punto de partida  en un puerto más cercano.

Esta es la función real de la modelación, tomar decisiones acertadas para eventos futuros no determinados.

Si no es una evaluación, entonces ¿Qué es lo que he estado haciendo todo este tiempo?

Lo que hemos realizado todo este tiempo, es simplemente un análisis de consecuencias. Volvamos al ejemplo del material particulado. Si mi actividad es remover suelo, la primera consecuencia lógica es la generación de material particulado y la consecuencia de éste es que se altere la calidad del aire donde sucede la actividad. De ahí para allá no hemos avanzado realmente.

Sin embargo, esto no es malo, si se realiza adecuadamente un buen análisis de consecuencias (eso lo veremos próximamente), se establecerán medidas mucho más acertadas  y eficientes. Porque volviendo al material particulado, no es necesario hacer una modelación de aire, para saber que realizando aspersión de agua en la zona afectada se elimina la consecuencia.

Y que pasa si le digo que si hay una evaluación ambiental en el proceso?

En Colombia, después que es aprobado un EIA y se otorga la licencia ambiental, el dueño del proyecto está en la obligación de elaborar un Informe de Cumplimiento Ambiental (ICA), el cual debe ser entregado a la autoridad ambiental competente con una frecuencia anual (en la mayoría de los casos). El reporte tiene información del estado legal ambiental del proyecto, mediciones de los recursos afectados y de las corrientes residuales generadas. Con esta información la autoridad ambiental decide si está cumpliendo con las clausulas legales establecidas y si existe alguna anomalía en los recursos afectados o en las corrientes residuales del proceso.

El análisis que realiza la autoridad, es realmente la evaluación de desempeño ambiental del proyecto. Que la forma en que se evalúa no es la adecuada o que el sistema de evaluación no se adapte bien, eso es otro cuento y luego hablaremos de él, pero esta es la verdadera evaluación ambiental del proyecto.

Normalmente, en las fichas de manejo ambiental del Estudio de Impacto Ambiental, hay una sección llamada indicadores de seguimiento. Estos son los indicadores de evaluación. En otra entrada veremos la diferencia entre seguimiento y evaluación. 

Una espinita más: ¿quién debería hacer la modelación ambiental de un recurso?

Muchos países a través  de sus entidades oficiales han empezado a caracterizar sus recursos, otros ya tienen una caracterización total o casi total de éstos, pero existen países como Colombia, que no los han caracterizado amplia y suficientemente  y están cometiendo el error gravísimo de trasladarle esta responsabilidad a las industrias y empresas cuyos fines son comerciales y no científicos. Este es un error que hasta ahora está empezando, ojalá se tomen medidas a tiempo. Ahora veremos por qué esto es un error.

La información que un estudio realizado en menos de 6 meses con 20 días de trabajo de campo y cuyos fines son meramente técnicos y comerciales, pueda arrojar sobre el comportamiento de un recurso, es muy superficial para tenerla en cuenta como real. Desafortunadamente, la información que deberían generar universidades, institutos de investigación científica y entidades oficiales en, la están empezando a generar consultores independientes.

Si una zona no está los suficientemente investigada como para establecer la magnitud de los impactos que se puedan generar, la autoridad ambiental debería tener la autonomía para aplicar el principio de precaución y prohibir cualquier proyecto obra o actividad en dicha zona, hasta tanto no se tenga información ambiental sobre el tema y no trasladarle  la responsabilidad a entidades y empresas que no tienen y no deben tener enfoque científico.

Para ilustrar mejor el tema tenemos por ejemplo la red de calidad del aire de Bogotá . Este es un estudio independiente cuyo interés es tomar decisiones acertadas para  este recurso. Si por ejemplo un complejo industrial se va a desarrollar en esta ciudad, el empresario no tiene que instalar estaciones de monitoreo puntuales que no dicen nada en el corto plazo, sino que ya tiene toda una base informativa confiable que le permite saber cómo y hacia donde se dirigirán sus emisiones, qué sitios afectará y sabrá cómo manejarlas y sobre todo, tendrá el soporte que le permita a futuro saber si sus medidas en realidad son las adecuadas.

Como dije al inicio de esta entrada, el tema puede ser controversial, pero es importante que nos detengamos a pensar qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo, debemos empezar a marcar diferencias a ver las cosas de otra manera y aventurarnos a intentar algo diferente. Precisamente frente a este tema, un amigo y colega a quien estimo mucho me dijo, yo se que esas evaluaciones están mal, por eso no me meto en eso. Que tristeza, porque esta persona sabe muchisimo y podría generar muy buenos avances, pero bueno, hay que seguir, pensar, debatir, proponer. Como dice Stephen Covey, hay que sacar tiempo para afilar el hacha.

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Este artículo como todos los escritos que encontrará en este blog hacen parte de mi experiencia y mi aprendizaje personales. Yo transmito lo poco que se y agradezco a quienes lean y crean que esta información es importante y digna de transmitir, lo hagan citando la fuente. Más allá del ego, una humanidad sostenible también significa el respeto y reconocimiento por el saber del otro.  

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