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Una autocrítica al quehacer de la consultoría ambiental actual

lunes, 28 de mayo de 2012

Yo todavía creo que nuestra sociedad puede auto-regularse. Es más creo que es nuestra única salida. Hace algún tiempo escuchaba a un conferencista citar una frase que decía algo más o menos así: la legislación es una medida de que tan civilizada es una una sociedad. Entre más leyes tenga, menos civilizada es.

En una entrada pasada le contaba algunas reflexiones sobre el manejo de residuos. Y cómo los patrones de conducta se heredan tan fácilmente que es necesario estar muy despiertos para que aquellos a quienes  consideramos el futuro, no repitan nuestro pasado.

Necesitamos convencernos que las leyes son directrices a cumplir, pero nunca un marco que delimite nuestro actuar. Nuestro marco de acción debe ser mucho más amplio. Entre las consecuencias de dicho marco de acción está el cumplimiento de la legislación, pero nunca debe ser el objetivo.

¿Dónde está el quid del asunto?

Hoy por hoy consideramos que las leyes son la solución para todo. Ahora que vemos con desespero y angustia que los problemas ambientales son una realidad y no un cuento creado por ambientalistas hippies de los años 60, consideramos que es necesario crear leyes para que reciclar, crear leyes para el uso eficiente del agua, crear leyes para el cuidado del ambiente etc. Ingenuamente creemos que si le colocamos una etiqueta de obligatoriedad a un tema, éste va a funcionar.


He reflexionado mucho sobre ésto y al buscar las causas de este fenómeno, me encuentro que en algunos aspectos la legislación es débil, que puede no existir un adecuado soporte institucional, que no hay capacitaciones adecuadas, que hay corrupción, que no hay claridad técnica frente al tema, etc, etc. Pero todo esto son consecuencias y distractores de la causa real de la situación.

En este sentido, me he dado cuenta que el cambio no empieza con campañas de educación o establecimiento de normas. Es necesario entender que si las primeras fallan y las segundas no son suficientes, hay un error de concepto y cuando se construye bajo un concepto errado, es como "pedirle peras al olmo", por más que queramos, nunca vamos a lograr lo que queremos.

La solución no está en la causa, sino en la estructura

Luego de encontrar la causa (error de concepto), pasé por tres estados de ánimo. Primero me sentí muy alegre, porque al encontrar esta causa, pensaba ingenuamente que sería más fácil encontrar una solución. Pero luego me desanimé porque me di cuenta que de todas maneras no era mucho lo podía hacer, dado que no sabía cómo empezar, cómo generar nuevos hábitos, si ya con mi experiencia, sabía que cambiar un hábito en solo tres personas requería mucho esfuerzo y paciencia (ver lecciones aprendidas del reciclaje), además al reflexionar sinceramente sobre el tema, me di cuenta que eso ya intuitivamente ya se sabía. Había descubierto el agua tibia.

Y por último sentí algo de frustración, ya que al interiorizar más el análisis del tema, me dí cuenta que la consultoría en general (yo incluída) fomenta y refuerza el paradigma de que el cumplimiento se realiza solo si hay normas y (en el caso particular del tema ambiental) que para ello se requiere un gasto adicional.

Entonces, me di cuenta que la consultoría ambiental actual debe mejorar, debe enfocar las situaciones desde otra perspectiva, debe generar nuevos espacios para nuevos procesos, productos y servicios, y tal vez nuevos enfoques para normas más acordes a la realidad.

Donde está la falla de la consultoría

Existe un engranaje compuesto de autoridad ambiental - consultor - empresa. Generalmente el proceso surge como sigue. La autoridad ambiental dice "el que contamina paga" y genera toda una estructura económico legal para cobrar por la contaminación ambiental. El consultor dice "si claro tiene que pagar, pero primero me tiene que pagar a mí". El consultor realiza estudios y análisis para satisfacer a la autoridad ambiental. Por último, a regañadientes el empresario paga a los dos.

Este ciclo funcionó hasta hace algún tiempo, cuando los problemas globales no eran tan evidentes y cuando la  realidad todavía no evidenciaba que la normatividad actual en casi cualquier país del mundo se queda corta para todo lo que hay que hacer. Sin embargo, seguimos creyendo que lo que hay que hacer es cumplir las normas para que la "autoridad ambiental esté contenta".

Lo peor es que de esto, es que  los consultores nos convertimos en fábricas de papel. Ganamos nuestro dinero diciéndole al cliente lo que ya sabe. Pero obviamente debe pagar más si quiere saber cómo solucionarlo y mucho más si quiere implementarlo.

¿Cuál puede ser el camino?

A mi modo de ver, debe existir un nuevo marco conceptual en el que como establecí anteriormente el cumplimiento de la legislación ambiental sea una consecuencia lógica de las buenas prácticas de manufactura, producción o servicio de una empresa, pero no el fin. El fin debería enfocarse a mejores productos, clientes satisfechos, trabajadores felices, manejo eficiente de recursos, comunidad conforme y amiga de la empresa que tiene al lado.

Pero para esto, lo que hoy es puro papel e informes extensos para "dar contentillo" a la autoridad ambiental, debe convertirse en herramientas para la toma de decisiones.

¿Cómo llegar a esto?

La verdad estamos tan acostumbrados a la vieja forma de hacer las cosas que hoy por hoy no existen herramientas ni procesos que permitan llegar a otras conclusiones porque cuando solo tenemos un martillo como herramienta todos los problemas son clavos. Por esto es necesario empezar, probar,  proponer, arriesgarse. 

En una entrada anterior les comentaba la experiencia de un amigo frente a este tema como pensar y actuar diferente, le había traído algunas consecuencias no muy gratas, pero que se pueden capitalizar. En esa entrada les cuento cuál es mi estrategia para avanzar en el tema y abordar las situaciones de maneras diferentes.

Hay muchas formas de generar nuevos procesos, nuevas estructuras, nuevas herramientas, pero hay que arriesgarse, documentarse. Como consultora independiente me queda un poco más fácil implementar algunas cosas y aquí es donde las empresas deberían ser más abiertas a este tipo de iniciativas y permitirse encontrar nuevas estrategias. 

Leo muchos foros sobre el tema y veo que hay personas que tienen ideas muy interesantes. pero se desgastan hablando de la política, de las instituciones, de la corrupción o del desinterés de los empresarios. Una carrera comienza solo con un paso. Alguna vez le decía al gerente de una empresa para la que trabajaba que se podía innovar en nuevas formas de abordar la consultoría y el me decía que no, porque había que invertir mucho en investigación y desarrollo. Esto es un mito, solo se necesita hacer un pequeño cambio en la forma de realizar un trabajo específico, que no sea muy dispendioso, si funciona, entonces se mejora y se vuelve a aplicar, y así sucesivamente, cuando menos uno se da cuenta tiene en sus manos una nueva herramienta.

Solo se necesita eso un paso hacia otra dirección y luego otra. Por eso esta entrada en una invitación a la innovación, desde las pequeñas cosas, desde lo que se conoce, esa es la esencia del cambio.




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